La colectivización del cuidado

Helena Sanz Requejo Research & Degrowth

Un acercamiento decrecentista a los grupos de cuidados compartidos

Tanto la literatura cómo la práctica decrecentista apuestan por una gestión colectiva de la

vida, el fomento de los comunes, convivir y compartir, como bases para una sociedad basada en

la sostenibilidad de la vida.

Desde un punto de vista empírico existen estudios (D’Alisa y Cattaneo, 2013) que demuestran

que la vida en comunidad y la administración colectiva de nuestras necesidades implica un

ahorro tanto en horas de trabajo cómo en consumo energético, reforzando así la unión entre el

decrecimiento y lo colectivo.

Sin embargo, está menos estudiado el vínculo existente entre la teoría decrentista y la

satisfacción de nuestras necesidades emocionales y de cuidados. Cada vez son más los estudios

que abordan un enfoque que relaciona la economía feminista, que estudia los tema

relacionados con el trabajo reproductivo y de cuidados, con el decrecimiento (Federici, 2004;

Perez­ Orozco, 2014; D’Alisa et al, 2015). Sin embargo es un campo en el que no se ha

profundizado demasiado. La vida en comunidad promueve e incita a repensar el tipo de

relaciones que mantenemos entre las personas, y con el medio ambiente, generando un

abanico relacional que está fuera de la lógica de mercado, basado el la convivencia, compartir,

el cuidado y la comunicación.

En este estudio se trata de profundizar en las alternativas de gestión colectiva de los cuidados

que han surgido recientemente en Cataluña y el estado español. De entre estas iniciativas se

han distinguido por un lado los grupos de crianza compartida y por el otro los grupos de

colectivización de cuidados de personas mayores, siendo en estos últimos en los que más se ha

profundizado.

Es importante destacar que precisamente es en los sectores mas vulnerables a la dependencia

(la infancia y la vejez) donde surgen primero y más consolidados grupos de gestión colectiva de

os cuidados.

1. Grupos de crianza compartida

Los grupos de crianza compartida no son una iniciativa nueva en sentido estricto, sino que son

son la herencia de una trayectoria histórica de la gestión del cuidado de forma comunitaria

que la sociedad capitalista e individualista actual ha inivisibilizado y olvidado, y que

actualmente renacen para dar respuesta a una cada vez mayor necesidad de gestionar los

cuidados fuera de la economía de mercado (Keller Garganté, 2015).

De esta forma están surgiendo actualmente en todo el estado grupos de padres, madres y

familiares que se juntan para compartir y cuidar de forma colectiva a sus niñas.

Estos grupos intentar generar alternativas para las familias, especialmente madres, que se

enfrentan a la difícil coyuntura de tener que compatibilizar el cuidado de sus hijas, con el

trabajo asalariado productivo y el impagado trabajo reproductivo de sus vidas.

Otro factor importante para la creación de estos grupos es la coyuntura económica actual que

relega al sector privado el cuidado de las niñas que no están en edad escolar. Afrontar el coste

de guarderías o canguros está fuera del alcance de muchas familias hoy en día (Pierallini,

2017).

De esta forma, estos grupos se apoyan para cuidar y además fomentar el crecimiento y el

desarrollo en comunidad.

2. Grupos Sénior de colectivización de cuidados

En la coyuntura socioeconómica actual, la gestión de la dependencia de las personas mayores

queda relegada al sector privado en la mayor parte de los casos. La pirámide demográfica de

los estados europeos, especialmente los mediterráneos como es el caso del estado español,

tienen una disposición invertida siendo la tercera edad la más numerosa. Esta realidad unida

a la coyuntura actual de crisis económica y social, donde el mantenimiento de las pensiones y

los servicios de dependencia por parte del sector púbico es cada vez más compleja, condiciona

una situación, cada vez más crítica, para las personas mayores.

La generación de la actual tercera edad lleva toda la vida pagando unas cotizaciones al sector

público, que hoy en día casi no aseguran la percepción de una pensión digna, y mucho menos

la prestación de unos servicios de dependencia adecuados. Las personas mayores pasan a

depender entonces de sus descendientes tanto a nivel económico como cuidados, sin embargo

para las generaciones más jóvenes la situación tampoco es sencilla. La crisis económica, el

paro y los trabajos precarios han determinado la vida de la actual clase trabajadora, que en

muchos casos se ha visto obligada a emigrar de sus ciudades natales en la búsqueda de

empleo, y que no goza del nivel adquisitivo del que gozaban sus progenitores de generaciones

anteriores. El sector privado aparece entonces cómo única solución para muchas familias,

siendo las residencias o la contratación de personal externo la única válvula de escape. Sin

embargo, esta opción sólo es válida para aquellas personas o familias con una capacidad

económica alta. Todo ello ha derivado en la existencia de una masa de personas de la tercera

edad con unas necesidades a las que el sistema actual no es capaz de dar respuesta.

Es en este contexto en el que surgen desde hace una década los primero grupos de convivencia

de personas mayores en el estado español. Estos grupos nacen de una decisión consciente por

parte de personas quieren hacerse cargo y responsabilizarse de la vejez, al igual que lo han

hecho el resto de su vida. Constituyen grupos para vivir conjuntamente, compartir gastos y

espacios, y eligen la vida en comunidad como solución autónoma para esta realidad

socioeconómica. Han decidido no depender ni del estado, ni de sus familias ni del sector

privado, y han optado por la autogestión de sus necesidades.

3. Discusión y retos

Este estudio se ha centrado en los proyectos de colectivización de cuidados de personas

mayores y para ello se han realizado entrevistas con distintos proyectos de Cataluña y el

estado español: la Cooperativa Obrera de viviendas, la fundación 26 de Diciembre, can 50/70,

can 60 y la Muralleta, así como con otro proyecto de investigación MOVICOMA que está

estudiando también estos grupos.

Desde una perspectiva de los cuidados hay mucho factores que determinan como estos mismos

están siendo abrazados en las distintas iniciativas.

Por un lado, el tipo de proyecto que sea o bien finalista o a medio plazo, determina el carácter

del proyecto, como señalan las compañeras del proyecto MOVICOMA. Aquellos proyectos que

una vez formados plantean afrontar todas la etapas de la vejez hasta el final, tienen en

general un planteamiento muy enfocado a suplir las necesidades de cuidados de forma

colectiva, y están ya proyectando de que manera hacerlo. Bien es verdad que la mayoría de los

casos que de este estudio se encuentran en fases muy iniciales, que o bien acaban de comenzar

o llevan pocos años haciéndolo, por lo que este planteamiento es más bien teórico, y para ver

su aplicación práctica hay que esperar un tiempo aún.

Otro factor que ha resultado sorprendente es el perfil de los componentes. En todos los casos

casi la totalidad de las personas que los integran son personas con un perfil económico y

académico alto, en su mayor parte con estudios universitarios. Son personas sin familia,

divorciadas, solteras y o viudas, en su mayor parte mujeres que vienen o bien de los

movimientos sociales o del emprendedurismo profesional.

La única excepción a esta realidad es la de la fundación 26D ya que el perfil de sus

componentes es totalmente el contrario, personas con poca capacidad adquisitiva y en riesgo

de exclusión social. En el caso de la Cooperativa Obrera de Viviendas, el perfil tampoco

coincide con el del resto ya que se trata en su mayor parte de personas de la clase obrera a las

que su propio sistema organizativo creado hace ya casi 50 años ha permitido suplir una

capacidad económica individual escasa. La gestión colectiva de sus necesidades ha permitido

hoy en día poder acceder a unos servicios que de forma individual no sería accesibles.

El perfil de las personas integrantes de estos proyectos determina por tanto la capacidad y el

acceso a los terrenos deseados. De esta forma se observa que la mayoría de los proyectos se

sitúan en ciudades del extrarradio de la metrópoli donde el precio del suelo es más barato, y de

carácter público. Esto permite también dotar a las iniciativas de zonas ajardinadas y proyectos

de huerto ecosostenible. En cuanto a la adquisición del suelo la mayoría de las iniciativas

recientes se han encontrado o se encuentran paralizadas por la dificultad de su compra o

cesión, siendo el factor económico aquel que dificulta más la puesta en práctica de las

siguientes fases de las iniciativas.

En cuanto a las características de género de estas iniciativas, distinguimos una serie de

patrones fundamentales. Por un lado, se tratan de iniciativas que mayoritariamente están

integradas por mujeres, en las que sin embargo las figuras de liderazgo las ejercen los

hombres en la mayoría de los casos. Ellas tienen un papel importante a la hora de establecer

que determinados servicios, como el de comedores y catering, sean prestados de forma externa

y de esta forma asegurar que ellas no continúan haciendo este trabajo, cómo venían haciendo

en sus casas. Por otro lado, cabe destacar que en este aspecto la fundación 26D es un caso

distinto otra vez, al tratarse de un colectivo más heterogéneo en cuanto género y su

distribución de los roles. Además en este caso aún no se han puesto en práctica la iniciativa de

co­housing, por lo que el planteamiento sobre este tema aún no es palpable. Es destacable la

importancia de unos cuidados especializados en el colectivo LGTB que sepan abordar y tratar

a estas personas adecuadamente sin incurrir en nuevas discriminaciones.

A través de las entrevistas sale a relucir que el mayor problema de la puesta en práctica de

todas las iniciativas, es sin duda el económico. Al ser iniciativas autogestionadas y con un

determinado planteamiento ideológico, por el cual se ha optado siempre por la adquisición o

uso de terreno público, queda al descubierto las carencias de las administraciones públicas a la

hora de otorgar ayudas o facilitar el acceso a terrenos a este tipo de iniciativas.

En todas las entrevistas, queda pantente que el papel de la administración pública ha

entorpecido más que propiciado la creación y el desarrollo de estos proyectos, y que su

continuación en la actualidad no a sido gracias a su intervención sino mas bien a pesar de ella.

Las administraciones públicas no tienen políticas adaptadas al perfil de estas comunidades.

Parece haber un desconocimiento en cuanto a la capacidad económica de las mismas, ya que

como requisito para la cesión de un terreno en la mayoría de los casos es necesario un nivel de

rentas bajo y patrimonio casi nulo, que no es para nada la realidad de las personas miembro

de las iniciativas de cohousing sénior, ya que las personas mayores de 50 años disponen de

porpiedades y patrimonio, por el cual no entran dentro de esta categoría, y sin embargo no

tienen disponibilidad real de adquirir un terreno al precio de mercado actual. Esta es la causa

de que muchas de los proyectos nacidos hace unos años aún no estén en fase de construción de

las viviendas.

La posibilidad de tener un espacio suficiente para proyectos de cohousing donde tener también

zona ajardinada, complican que Barcelona se convierta en una ciudad que favorezca este tipo

de iniciativas, tanto por os precios del suelo como por las disponibilidad de espacio.

4. Conclusiones

En referencia a como este tipo de proyectos interiorizan y gestionan el trabajo reproductivo y

de cuidados, cabe preguntarse si realmente tienen un enfoque al respecto desde el inicio de

cada proyecto, y bajo qué perspectiva. Parece evidente que, por su propia naturaleza, estos

grupos surgen por y para el trabajo de cuidados, sin embargo lo que no está tan claro es si este

trabajo de cuidados se realiza desde una perspectiva de género, y por consiguiente de clase. Al

realizar este estudio, hemos llegado a la conclusión de que ambos aspectos, género y clase,

están íntimamente relacionados. Por un lado, el perfil económico alto de los integrantes de las

iniciativas de co­housing sénior (o en el caso de la cooperativa obrera el sistema de apoyo

mutuo generado desde hace mas de 50 años), a permitido externalizar o proyectar la

externalización de los servicios de cuidados en las comunidades, trabajo que normalmente

realizan las mujeres incluso en la vejez y del que nunca se retiran. Sin embargo, en la

fundación 26D donde el perfil económico es distinto, las dificultades a las que se enfrentan

para satisfacer las necesidades de cuidados son muy grandes, poniendo de relevancia que clase

y género están íntimamente relacionados.

Mientras hay un nivel económico lo suficientemente alto que permita externalizar el cuidado

(que normalmente sigue siendo llevado a cabo por mujeres, en mucho casos migradas) no hay

un cuestionamiento evidente del mismo, ni de quien lo lleva a cabo o quien lo recibe.

Esto nos lleva a la conclusión de que existe una ausencia de enfoque de género en las

iniciativas, que bien puede estar dada por la naturaleza de las generaciones que los integran o

bien por el efecto del sistema patriarcal, que afecta a estas al igual que al resto de la sociedad.

No es el caso de las iniciativas LGTB que tiene este planteamiento mucho más interiorizado,

por la realidad a la que se enfrente per se. Desde un punto decrecentista, que pretende

generara relaciones fuera del mercado, queda por tanto patente que las iniciativas existentes

no caminan hacia esta meta.

Desde el punto de vista de las propias personas integrantes de las iniciativas sénior, no es

tarde para incorporar un enfoque de género y clase consciente, que cuestione los privilegios de

las personas que integran los grupos de co­housing senior, tanto por género, por clase y por

origen, siguiendo el ejemplo de otras iniciativas europeas, como Older Women’s CoHousing en

Londres o Lebensort Vielfalt en Berlín. Otra opción, podría ser la de generar espacios de

convivencia intergeneracionales donde las personas más jóvenes puedan cuidar de las más

mayores a través de un sistema de intercambio solidario y de apoyo mutuo, dando así una

solución comunitaria y no monetaria al problema de los cuidados. En cualquier caso, el trabajo

de los roles de género es necesario en cualquier iniciativa o comunidad de cara a no perpetuar

estereotipos patriarcarles y clasistas.

Desde el punto de vista de las administraciones públicas, si estas desean propiciar este tipo de

iniciativas es necesario hacer una revisión sobre la aplicación de las políticas y la facilitación

de estos proyectos que se adecúe a la realidad económica de los mismos y sus integrantes.

Finalmente, para clave el fortalecimiento de una red entre las iniciativas que incremente los

vínculos, la puesta en común de metodologías, problemáticas y soluciones, y la capacidad de

apoyo de unas a otras. Este fortalecimiento debe ser propiciado tanto por las comunidades

como por la administración pública.

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